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«Ron da error»: una película que pone en duda a nuestras amistades.

Aunque Twenty Century Fox haya cambiado de dueño, no ha cambiado su esencia. Siempre he creído que sus películas animadas transmitían un mensaje mucho más arrollador que el resto de productoras donde lo único importante era la calidad visual de la obra.» Ron da error» es de esas películas que abren los ojos tanto a los más jóvenes como a los adultos.

Llena de humor y dinamismo, esta cinta dirigida por Sarah Smith y Jean-Philippe Vine pone en duda la calidad de nuestras amistades, porque ¿en qué consiste realmente la amistad? Para contestar a esta pregunta tenemos que echar la vista atrás y comprender hacia dónde hemos llegado a nivel social. Ya no interactuamos los unos con los otros como hace quince años, el mundo ha cambiado y ahora podemos hacer amigos a través de una pantalla. Pero…¿Qué pasa si esa pantalla nos absorbe? Barney, el protagonista de esta historia, no tiene un amigo robot como el resto de los niños, por eso está solo. Cuando por fin consigue uno se da cuenta de que viene defectuoso y deberá enseñarle desde cero cómo ser su amigo. No es una crítica a las redes sociales, es una explicación de lo qué es realmente una amistad, un viaje de conocimiento mutuo.

Sinceramente, cada personaje aporta una enseñanza al espectador, desde la abuela hasta la chica popular del instituto, todo crea una ambientación necesaria para la compresión del mensaje. El amor se manifiesta de muchas maneras, pero la tecnología no debe ser el receptor de todos nuestros sentimientos, sino un mero complemento que nos facilite el camino. Hay un mensaje muy necesario en la película que dice tal que así: «la amistad va en dos direcciones». Esto también es una bofetada de realidad para todas esas relaciones de «amistad» donde uno da, pero no recibe. Por desgracia, la toxicidad existe en todos los ámbitos sociales, por eso, si te ves reflejado en el mensaje de «Ron da error», reflexiona sobre tus amistades, quizás el amor que profesas no te es devuelto, eso no es amistad.

Y sin profundizar mucho en el aspecto artístico de la obra (creo que no es realmente su cometido) finalizo dando mi apoyo a todas esas obras que pasan inadvertidas simplemente por no tener el sello de «gran producción cinematográfica». El valor artístico no depende de ninguna marca distintiva.

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El «West Side Story» de Spielberg es una obra de arte mal enfocada.

Me he encontrado ante muchas opiniones sobre este remake de West Side Story, he visto la película del 1961 y es cierto que no hay grandes diferencias, pero ¿Qué falla en esta versión de Spielberg?

Estrenada en cines hace escasos meses, la promoción de esta obra quizás ha sido un poco eclipsada por otros títulos, concretamente por la nueva del hombre-araña, cuya reseña queda pendiente en este blog. Pero Volviendo a West Side Story hay que decir que, si eres admirador de los musicales y te has visto en bucle la película original protagonizada por Natalie Wood y Richard Beymer, vale muchísimo la pena gastarse el dinero para ver el remake porque realmente es una renovación del clásico, pero nada más. Es Spielberg, por lo tanto, hay calidad en la cinta. Los planos generales son tan sublimes que hacen al público revivir la historia como si estuviese en el teatro. No hay movimiento de cámara que no enfatice la esencia artística del audiovisual, es como pararse delante de un cuadro que no para de actualizarse a mejor, en resumidas cuentas, hay que alabar también el trabajo que ha hecho Janusz Kaminski como director de fotografía.

Lo mismo pasa con las coreografías y la integración de las secuencias musicales, es un trabajo muy orgánico que no choca al espectador. La música de Leonard Bernstein y las letras de Stephen Sondheim se han respetado en esta versión, siendo el toque del director la guinda final de una obra que es realmente magistral. Y aquí viene lo mejor y por lo que, en mi opinión, ha sido necesaria esta modernización de la película, y es el elenco. En la película original dirigida por Jerome Robbins y Robert Wise no había actores hispanos (o casi no los había). Recordemos que la trama gira entorno a un «Romeo y Julieta» de Nueva York en los años cincuenta, pero en vez de enfrentar a los Capuleto con los Montesco, el conflicto es entre la comunidad puertorriqueña y la anglosajona. Por mucho que me gustase Natalie Wood haciendo de María, de puertorriqueña no tenía ni el blanco de los ojos, lo mismo con los otros actores. Spielberg ha dado auténtica representación en su West Side Story y eso siempre será algo merecedor de elogios.

Sin embargo, no salí del cine con el corazón en un puño. Y es que creo que, aparte de lo ya mencionado, la cinta no aporta nada nuevo. Sinceramente es como una recreación literal del musical y la película del 1961, si te gustan mucho puedes disfrutar del remake, pero incluso así es demasiado densa. Las actuaciones son muy teatrales, hay poco lenguaje fílmico, por lo que el público no familiarizado con la historia acaba distrayéndose. Por eso creo que no está enfocado al público actual, sino a los espectadores que hace años amaron West Side Story, obviando que ese target ha menguado o simplemente ha podido cambiar de gustos con el tiempo. La prueba la obtuve en la sala de cine. Fui hace dos semanas a ver la obra y yo era la más joven, la media de edad de la sala rondaba los cincuenta años y fueron ellos los que salieron corriendo en cuanto salieron los créditos finales, cansados de estar sentados dos horas y media escuchando canciones y viendo a jovencitos dar piruetas. Alguna que otra señora aprovechó para echarse una siesta. El público de antes no es el de ahora, ya no aguanta tanto. Por eso creo que a la obra le faltaba realmente el factor «joven», algo que hiciera a las nuevas generaciones interesarse por ella.

Dicho esto, yo siendo parte del consumidor veinteañero, la disfruté y la recomendaría a los amantes del cine y la música, aunque no sea la típica película para pasar una tarde amena en el sofá de casa.

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¿Por qué Hollywood santifica a los villanos?

El otro día fui a ver Cruella de Craig Gillespie y acabé confusa, por decirlo de algún modo. Recuerdo que de pequeña me daba mucho miedo el personaje de Cruella de Vil porque era asombrosamente mala; sin embargo, la versión de Emma Stone te hace querer aplaudirla y adentrarte en el mundo de la moda. Es por esto que al llegar a casa decidí visionar 101 dálmatas. Volví a pensar lo mismo, es de las mejores villanas por su simplicidad, llega de la nada y roba a los perritos para quitarles la piel y hacerse abrigos. Entonces ¿por qué esa obsesión por limpiar su imagen?

Al principio pensé que era la falta de creatividad, no solo de Disney, sino de Hollywood en general al no tener nuevas ideas que funcionen en pantalla, es por eso que tiran de los clásicos y los adaptan para el público infantil; aunque no creo que sea solo eso. Hay una tendencia por parte de la industria estadounidense por justificar la maldad. Los villanos son mucho más interesantes que los héroes, pero no son capaces de darles una historia que no sea blanqueada por la moralidad. No solo ha pasado con Cruella, ya lo hicieron con Maléfica unos años antes (e incluso sacaron segunda parte), o si queréis iros más lejos podemos hablar de la masacre que hicieron con el live action de Death Note, esa adaptación no debería haber salido a la luz y menos con un Kira que justificaba su odio a través del tópico de ser un pringado de instituto.

Aquí entraríamos en el debate de si realmente existe la maldad en su estado más puro o si, por lo contrario, es algo que se adquiere a base de palos. Yo tengo la teoría de que sí hay gente mala porque sí, y aunque estuviese equivocada, no soy partidaria de transformar a los villanos de la ficción en santos, los volvemos aburridos como los héroes; personajes que ya de por si están bastante vacíos. Me hace pensar que la existencia de los villanos es demasiado enrevesada para algunas mentes y por eso les dan un significado a sus conductas. O quizás sea porque tienen miedo de que la gente se obsesione con el malo y quiera imitar su actos. Ya sabemos cómo se ponen con este tema de las «malas influencias».

No paro de pensar en una frase del Joker en el Caballero Oscuro cuando en el interrogatorio con Batman le dice, en resumidas palabras, que el héroe existe gracias al villano. Gran verdad. Para los que no estén de acuerdo conmigo, solo les diré que hace no mucho leí un artículo donde clasificaban a los antagonistas de mejor a peor, y en primer lugar se hallaba El señor Potter, no el mago, sino el personaje de !Qué bello es vivir! ¿Por qué? Porque, según los expertos, aparece siendo malo y acaba la película siendo igual, nada de evolución, nada de excusas, es horrible y ya está. Gracias a eso los protagonistas brillan y el final feliz se disfruta más.

Todo esto es una opinión sin más. Hay algunos antagonistas que tienen una buena historia de fondo, creadas para hacernos empatizar y dar el toque de gracia al final de la película, como el caso de Snape en Harry Potter o el mítico Darth Vader; sin embargo, creo que estos casos se dan cada vez con menos frecuencia.

Espero no haberos dado demasiado dolor de cabeza con el tema. ¿Qué opináis vosotros?

Un saludo.