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De amor y monstruos (2020) : Un apocalipsis con toque nostálgico.

Love and Monster (De amor y monstruos en español) es la nueva apuesta de Netflix dirigida por Michael Matthews. Interpretada por un renovado Dylan O,brien que se aleja de este modo de los papeles más secundarios para volver a regalarnos una de sus interpretaciones más frescas y originales. Esta película es un regreso a las aventuras cinematográficas de antes.

Su estreno fue retrasado debido a la pandemia de COVID-19, y no ha llegado a España hasta el pasado viernes 16 de abril. En general ha recibido buenas críticas y actualmente está nominada al óscar a mejores efectos visuales.

La historia trata sobre un joven que lleva siete años viviendo en un búnker a causa de los monstruos que habitan la superficie. Al ser el único soltero del refugio decide arriesgar su vida para encontrar a su antigua novia, con la que solo mantiene contacto por radio.

Siete días sobreviviendo a un sinfín de seres grotescos que le ayudarán a descubrir la realidad del mundo que le rodea. Conocerá a otros viajeros como él e irá desarrollando un carácter que ni él mismo se imaginaba tener. Es el clásico «viaje del héroe» es un mundo distópico donde prima la acción, el sentido del humor, y las aventuras que solíamos ver en las películas de los noventa. Todo lo que mueve al protagonista es el amor. No quiere morir solo en un mundo incierto y peligroso. Y gracias a esa búsqueda se desarrolla una trama amena y simpática.

No da tiempo a aburrirse. Es la película perfecta para disfrutar en familia, y la interpretación de O´Brien ayuda mucho a meternos en situación. El diseño de los monstruos es sumamente detallista y colorido. Por decir puntos malos, diría que es una trama predecible. A nivel argumentativo no es algo nuevo. El fin del mundo, los monstruos, los robots, los refugios bajo tierra…Todo forma parte del «pack recurrente» de esta clase de obras. «De amor y monstruos» da sus pinceladas de originalidad gracias a la estética y el diálogo cómico y juvenil, pero fuera de eso no es una historia que rompa las reglas del género. Es una película que cumple su función, entretener.

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«Carmen»: Del libro a la adaptación protagonizada por Beyoncé.

Tras el reciente éxito en los Grammys de Beyoncé, no pude evitar recordar una «anécdota» que me ocurrió hace unos años cuando preparaba mi trabajo de fin de grado. Seré breve. Presenté un proyecto de investigación sobre: Las adaptaciones de la literatura francesa en el cine y en el teatro. Me enfoqué en tres obras: Los miserables de Victor Hugo, El fantasma de la ópera de Gastón Leroux y Carmen de Prosper Merimé. Viajé a Francia ese mismo año, a París, y traje conmigo una edición bastante antigua de la última obra mencionada. Soy de Sevilla, como la protagonista, así que no me costó investigar las localizaciones y referencias que Merimé mencionaba en la novela. Lo que me sorprendió vino después, cuando visioné algunas de las adaptaciones cinematográficas que se habían hecho de Carmen.

Para lo que no sepáis de qué trata la historia os haré un resumen. La obra en sí es una confesión. Don José, un exmilitar navarro, viaja al sur de España donde se enamora de una sensual gitana llamada Carmen, la mujer lo aparta del ejercito llevándole hacia una vida de delincuencia. El hombre tolera que esté casada con «El tuerto», el jefe de una banda donde posteriormente se unirá. Digamos que los celos mueven a José durante toda la obra, provocando un final digno de leer.

Probablemente alguno de vosotros asociéis «Carmen» con la adaptación a ópera, cuya música fue compuesta por George Bizet y que ha traspasado los límites de la propia novela, siendo «La habanera» mundialmente reconocida y utilizada para múltiples funciones. Es curioso porque el estreno de la obra teatral fue un fracaso. Sevilla resultaba una ciudad exótica para los franceses, pero el personaje de Carmen era demasiado libertino y oscuro para la mente romántica de la época, fue con los años cuando dicha representación tomó la repercusión que tiene hoy en día. Pero todo esto trajo consigo una oleada de «intentos» por parte de otros países. Adaptaciones a cine realmente curiosas, como la que hizo Estados Unidos en 2001 usando un icono musical como lo era (y sigue siendo) Beyoncé.

Personalmente, prefiero la versión española protagonizada por Paz Vega o incluso una africana llamada «U-Carmen», la cual se enfocaba en el contexto socio cultural de un país empobrecido. Aun así «Carmen: A Hip Hop Opera» tiene mi cariño, ya que su descubrimiento fue para mí un respiro del estrés que me provocaba mi estudio universitario. En una simple comedia romántica-musical norteamericana, típicas de está época, las que solíamos ver para echar el rato y cuyo guion es completamente predecible. Era el debut como actriz de Beyoncé, tampoco se le podía pedir más. Claramente no tiene nada que ver con la ópera de George Bizet y aún menos con la novela de Proper Merimé. La añadí en mi trabajo (a pesar de su crítica negativa) como demostración de la deformación que puede tener una historia tras realizar adaptaciones de adaptaciones de la misma.

Lo que realmente me hizo pensar fue el hecho de que hubiese gente que conociese la película, pero que no supiese que la ópera «Carmen» proviene de una novela.

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Otra vuelta de tuerca

El otro día, aprovechando que estaba de vacaciones, decidí ir al cine después de nueve meses. Como la oferta que había en la cartelera de mi pequeña ciudad no era muy variada opté por ver la única película cuyo título me sonaba, «Otra vuelta de tuerca» de la directora Floria Sigismondi.

Empieza la película y tras varios minutos me doy cuenta de que ya la he visto, pero en otro formato muy distinto, concretamente una serie de Netflix llamada «La maldición de Bly Manor«, cuya reseña ya había escrito en este blog. Entonces solo hay que hilar un poco, si es la misma historia significa que es otra adaptación del libro de Henry James que lleva el mismo nombre que la película.

El mundo de las adaptaciones me apasiona, sobre todo cuando se refiere a cine y literatura, porque estamos hablando de dos lenguajes muy dispares donde el tiempo empleado para la narración se reduce de forma drástica, por lo que hay que saber utilizarlo muy bien. Iré directa al grano con esto, la película no hay por donde agarrarla. Por mucho que te la vendan como el nuevo trabajo de los productores de Expediente Warren y los guionista de IT, no juega en el mismo nivel que estas obras. La razón por la que la serie tuvo tanto éxito es por que tuvieron claro que para adaptar el libro tenían que emplear muchos minutos de metraje.

La obra literaria de Henry james cuenta la historia de una Au pair que va a cuidar a unos niños huérfanos a una vieja mansión donde ocurre algo raro. Hasta ahí todas las adaptaciones lo muestran claro; niños, niñera y fantasmas, perfecto. Pero en el libro no existe una simple trama, hay muchas, y para entender la historia en su conjunto tienes que saber los detalles de cada personaje recurrente. Si no lo haces….nada se cierra.

Por muchas «licencias artísticas» que se tomara el creador de la serie de Netflix, fue fiel a lo que escribió James. Pero la película es un sinsentido. Estéticamente es precisa, impactante, incluso un poco perturbadora, y de hecho esa atmósfera es la señal de identidad de la directora, acostumbrada a plasmarla en todos los videoclips y películas que ha dirigido hasta la fecha y que han elevado su carrera hasta donde está ahora. Donde realmente reside el error, bajo mi punto de vista, es en el guion. No se han centrado en resolver ninguna incógnita de las muchas que se presentan en el libro. Faltan personajes y los pocos que salen están ahí de adorno. El principio está correcto, te plantea la trama principal, incluso te llevas algún que otro susto, pero cuando crees que ya es hora de empezar a entender lo que ocurre, el espectador solo recibe escenas sueltas que únicamente se pueden calificar de estrambóticas, psicodélicas y hasta ridículas. Mi acompañante aquel día acabó riendo en una supuesta película de miedo. Con eso lo resumo todo.

Los actores geniales. Finn Wolfhard, se ha convertido en una especie de «musa» para estos guionistas y la verdad es que es de lo poco que vale la pena resaltar.

Aun así os recomiendo el libro y la serie. La historia vale mucho la pena y si se sabe adaptar correctamente luce mucho en pantalla.

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Cine y literatura: «Estoy pensando en dejarlo»

Hay veces que como graduada en Comunicación Audiovisual tiendo a analizar las películas en demasía. No me considero una experta ni mucho menos, pero tuve que estudiar mucho para la asignatura de Narrativa audiovisual y creo que eso me consternó. Mi interés por las adaptaciones literarias viene, en parte, motivada por ese hecho. Dicho esto, procedo con mi reseña de hoy.

Si sois parte de ese abultado porcentaje de la sociedad que paga Netflix cada mes, tenéis la opción de ver una película titulada «Estoy pensando en dejarlo». Para poneros en contexto, este film esta dirigido por uno de los guionistas y directores más…. «reconocibles» actualmente, Charlie Kaufman. Hay gente que no considera su trabajo como «Indie», a lo mejor porque consideran ese término como algo negativo, pero en mi opinión Kaufman no hace películas precisamente comerciales, y eso es parte de su encanto. Recordemos  Eternal Sunshine of the Spotless Mind, por la que ganó un Óscar a mejor Guion, o la varias veces nominada Anomalisa. ¿Qué ocurre entonces? Pues que en este caso nos encontramos ante una adaptación cinematográfica de la novela de Iain Reid, y hay detalles interesantes que comentar sobre el paso de un formato a otro.

La concepción del arte es muy variable, y es imposible recrear al milímetro un libro porque estamos hablando de dos mundos completamente diferentes. El lenguaje literario no es igual que el lenguaje cinematográfico, es algo que todos entendemos, pero hay veces que al plasmar tu propia interpretación del arte de otra persona…puede que se te vaya un «pelín» de las manos.

La historia es simple. Estamos ante un triller psicológico (o al menos así nos lo vende) donde una joven emprende un viaje junto a su novio para conocer a los padres de éste. Una premisa bastante sencilla. Kaufman lo plasma desde su estilo, y es realmente precioso. La película permanece todo el rato con una relación de aspecto de 4:3 (las conocidas bandas negras verticales) que le da un encanto vintage. La paleta de color es una clave muy importante porque va cambiando a lo largo de toda la obra, de hecho, es fundamental que prestes atención a todo detalle, desde el paisaje hasta la ropa de los actores, todo va tomando un giro antinatural que atrapa la atención del espectador, aunque no se entienda lo que está ocurriendo. Es como ver Alicia en el país de las maravillas, posee esa «locura atrayente». A nivel técnico es genial, los movimientos de cámara y los primeros planos interminables dan a la obra una calidad superior, solo con ver el reparto te das cuenta que no es una película fácil de rodar.

En resumen, más que un triller, es poesía fílmica, hay un constante debate sobre la soledad, la vejez y la debilidad en dos historias pararelas que se van intercalando en todo momento. Y es ahí, creo yo, que flaquea la adaptación. Es comprensible que omitas detalles del libro, pero si creas intriga y mantienes al espectador dos horas pegado al televisor con la esperanza de encontrar una relación entre ambas historias, puede que se sienta estafado si no se lo das. El libro tiene un final cerrado y explicativo. De hecho, dicho final es lo que el espectador intuye durante toda la película, pero Kaufman decide re-interpretarlo y hacer una manifestación artística surrealista donde mezcla: animación, ballet y un poco de genero musical.

En general, la estética y el concepto me han gustado mucho, pero hubiese sido mejor respetar el final del libro. Para gustos colores, como se suele decir

Espero que os haya parecido interesante y que os animéis a verla, quizás tengáis una opinión completamente opuesta a la mía. Gracias por estar una vez más ahí y nos vemos en la próxima.

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WALL-E. La historia detrás de un apocalipsis (según Disney).

¿Cómo os imagináis vosotros después de un apocalipsis? ¿Cómo se vería el mundo? En estos últimos dos meses hemos tenido tiempo de sobra para sentarnos en el sofá y ver cualquier plataforma de vídeo bajo demanda, en mi caso las elegidas han sido Amazon Prime Video y, como podréis deducir, Disney+. (No intento hacer publicidad os lo prometo)

Creo que en la situación que nos atañe, tener tiempo puede ser un arma de doble filo, ya que nos permite ser productivos o descansar, pero al mismo tiempo nos deja solos con nuestros pensamientos. Y fue en una de esas crisis existenciales cuando decidí volver a ver una de mis obras favoritas de Disney, Wall-e. Realmente podríamos hacer una análisis audiovisual de esta película; explicar la importancia de la bso compuesta por Thomas Newman como recurso catártico; hablar de las tres partes divisorias que contiene a nivel narrativo (según mi punto de vista) o cómo el director resume todo el «fin de la humanidad» con simples imágenes en segundo plano, dejando como protagonista a un robot de limpieza que es pura luz y felicidad. Pero lo que a mí me apasiona de esta cinta es la vuelta de tuerca que le da a ciertos problemas filosóficos que con los años se han convertido en clichés cinematográficos.

Empiezo con la relación entre humano y máquina tan común en el ciberpunk. Cuando veo Wall-e no puedo evitar compararla un poco con Blade Runner ¿Por qué? Pues en la Película de Riley Scott se nos presenta la posibilidad de crear máquinas (replicantes) tan parecidos a nosotros que al final no somos capaces de distinguirlos, con el riesgo de sufrir una «revolución de las máquinas». Es por eso que se les busca para ponerle fin. La forma de detectarlos es hacerles una serie de preguntas que sólo un humano podría contestar, es a través de esa «frialdad», esa «falta de alma» lo que los distingue de las personas. Piensa ahora en Wall-e. ¿Quién tiene más alma en la película? Son los robots, que ni siquiera tienen forma humana, los que demuestran tener corazón. Wall-e se convierte en el héroe de la humanidad por enamorarse de una robot de búsqueda y combate llamada Eva. Un nombre muy bien buscado para hacer alusión a la primera mujer en la tierra según la biblia. En cambio los humanos se han acostumbrado a estar enganchados a las pantallas (muy a lo Black Mirror). Tanto es así que han olvidado lo que es «vivir».

Lo que nos lleva al otro punto interesante de la obra. ¿Hasta qué punto la modernización de la sociedad puede beneficiarnos? Con esto me refiero al dilema planteado por Andrew Staton en este film. Después de que el ser humano haya contaminado tanto la tierra, hasta el punto de no ser habitable, se van al espacio donde permanecen 700 años disfrutando de unas vacaciones eternas. Con el tiempo, al no tener que moverse gracias a las comodidades de las nuevas tecnologías, todos acaban obesos y sin saber siquiera andar ¿Para qué? Si no hace falta moverse. Es claramente una futura visión de lo que sería nuestra evolución, o al menos una posible teoría. Al final siempre prevalece el lado humano, la necesidad de ensuciarse las manos y trabajar unidos cara a cara para volver a disfrutar de un planeta que no supimos valorar.

Yo creo que la tecnología es un punto de apoyo, una herramienta que nos ayuda pero de la que no podemos depender al 100%. Wall-e no solo es un canto al amor y al cuidado de la naturaleza, es un recordatorio sobre la importancia de saber adaptarse a lo nuevo sin perderse a uno mismo por el camino.